Las nuevas masculinidades y su incorporación a los programas educativos

 

En el presente artículo se abordará el gran sistema primitivo denominado “patriarcado” el cual ha sido uno de los agentes principales que ha provocado niveles de desigualdad en la sociedad mexicana tan extremos teniendo como consecuencias los altos índices de delitos por razones de género.

El objetivo es abordar un tema de relevancia nacional que necesita una amplia investigación, conceptualización, movimientos sociales y el desarrollo de los instrumentos administrativos necesarios para su difusión e implementación con el fin de concientizar y tomar conciencia de los delitos por cuestiones de género que están sucediendo en nuestro país, asimismo, permitir vislumbrar de mejor manera este tema tomando tres ejes prioritarios que a continuación se enuncian: la definición de las nuevas masculinidades y sus serias consecuencias en nuestro país, las nuevas masculinidades en el contexto global y regresamos a México con la incorporación de las nuevas masculinidades en los programas educativos.

Como primer punto, vamos a plantear la definición de las nuevas masculinidades, entendida como una suma a deconstruir los roles de género. Las nuevas masculinidades o masculinidades alternativas es una teoría con un serio análisis y una perspectiva distinta a partir de la investigación del ejercicio del poder o del desarrollo de un hombre-hombre, hombre-mujer, sin perder de vista la interacción con personas de la comunidad LGBTTIQA+, lo anterior, invita al hombre a analizar su interacción con todas las personas en su contexto, de igual forma se incorpora la acción individual, como el hombre maneja o refleja sus emociones.

 Ahora bien, partiendo de la primicia siguiente donde, el concepto de patriarcado lo podemos definir de la siguiente manera: la autoridad se ejerce por el varón jefe de cada familia, consiste en el poder universal que resulta de la subyugación de las mujeres por parte de los hombres lo cual provoca una desigualdad de género, confronta a ambos sexos y las siguientes instituciones reafirman estas desigualdades: la sociedad, la iglesia, la escuela y la familia.

El género como una construcción social donde a la mujer y el hombre se les asignan roles de género. A partir de esto, a los hombres históricamente se les ha señalado con el rol público: del proveedor, el rudo, fuerte, el padre de familia o el líder en un determinado contexto social; por consiguiente a la mujer se le ha asignado el rol privado con: labores del hogar, sensibilidad, delicadeza o el cuidado de los hijos. Estas características con el paso del tiempo y con apoyo de las luchas feministas se han ido debilitando y rompiendo los  principios patriarcales.

Ahora bien, los retos que enfrenta a nivel mundial, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, un órgano del Consejo Económico y Social de la ONU no solo ha centrado sus estudios en la mujer, sino también en el hombre, a quien se intenta involucrar en la lucha por la igualdad de género. Es importante ver al hombre no solo como el autor de los actos de violencia, sino también como una parte de la solución al problema como se menciona en informes elaborados por el Fondo de Desarrollo de la ONU para la Mujer (UNIFEM).

Enseguida, las nuevas masculinidades y su incorporación a los programas educativos mexicanos, las estrategias que deben de implementar las autoridades correspondientes para tener garantía de una verdadera educación de calidad, siempre con la convicción de velar por la formación de cada estudiante como una estrategia en miras a una mayor igualdad de género y menos violencia en nuestro país.

 La exposición y difusión de la perspectiva de género en las instituciones educativas es un pilar fundamental para alcanzar los objetivos prioritarios de un gobierno. Actualmente se vive una ola de violencia de género en el país, que se exige emprender acciones urgentes en contener, prevenir y solucionar este problema no solo de seguridad, sino también social.

¿Se puede cambiar el pensamiento machista en la sociedad mexicana?

La educación, en todos sus niveles, enfrenta hoy una grave situación de abandono, crisis por la falta de recursos, falta de interés de las autoridades federales y estatales, aunado a la deficiencia en la planeación a futuro y la eliminación de materias fundamentales.

Los pensamientos conservadores de los funcionarios públicos y la resistencia de los mismos a incluir materias relacionada al género, educación sexual, educación cívica y ética o estudios para la paz, derechos humanos (en educación básica y media superior), son muchos factores que presionan y limitan el cambio en nuestro país.

Sin embargo, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (CONAVIM) en la guía  “Nuevas masculinidades: reconstruyendo la hombría" nos menciona algunos aspectos a incluir en la nueva educación: 

El objetivo es fomentar una nueva forma de ser hombre y lograr que sea antisexista, antihomofóbica, antirracista y anticlasista. Entre las cualidades que deben tener los hombres están: compartir el control de la realidad con las mujeres, es decir que no se crean el centro del Universo; no utilizar el poder para imponerse sobre otros/as; luchar por disfrutar de su trabajo y de su hogar por igual, así como compartir las labores domésticas y el cuidado de los hijos e hijas (Nación 321, 2017)

La responsabilidad de elevar los índices de calidad no es únicamente de los maestros frente al aula, también deben estar involucrados: el Estado, los padres de familia y los alumnos.

Para que exista una condición de calidad en educación se necesita liderazgo profesional que conlleva la comunicación entre padre, alumno y docente, además, de un ambiente positivo de aprendizaje con niveles de exigencia y constante formación y preparación de docentes.

Sólo así conseguiremos que los procesos de evaluación sean integrales e incluyentes, de carácter pedagógico con el objetivo de ayudar a los maestros y maestras; de generar una mayor inclusión en el alumnado y reducir esas brechas de desigualdad tanto económica como de género.

Se necesita corregir ciertos aspectos para mejorar la eficiencia con que se utilizan los recursos y reducir la inequidad en el sistema educativo mexicano, ya que trabajar en este orden permitirá aumentar la cobertura y acceso de los servicios educativos, reducir las desigualdades y mejorar los resultados en términos de aprendizajes del sistema educativo.

El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer menciona que:

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, recoge una serie de recomendaciones para lograr cambios en la educación de los jóvenes y también de los niños, tanto en los lugares de trabajo como en el hogar. Se recomienda que los programas de estudio, los libros de texto y otros materiales docentes sean revisados para eliminar estereotipos de género. La violencia contra las mujeres pasa de generación en generación, y este ciclo solo puede romperse si las mujeres y los hombres trabajan unidos para cambiar las estructuras y los valores sociales (Universia, 2014).

 Como se menciona al inicio de la investigación, el patriarcado, es un concepto qué se usa para hacer alusión a aquellas sociedades en la que los hombres tienen el poder sobre las mujeres. En las sociedades catalogadas como patriarcales, este tipo de dominación del hombre por sobre la mujer se observa en todas las instituciones y no solo en un aspecto de la sociedad, lo que hace que esta predominancia siga reproduciéndose incluso en forma inconsciente.

María Fontenla, define patriarcado como:

En su sentido literal significa gobierno de los padres. Históricamente el término ha sido utilizado para designar un tipo de organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de familia, dueño del patrimonio, del que formaban parte los hijos, la esposa, los esclavos y los bienes. La familia es, claro está, una de las instituciones básicas de este orden social (Fontenla, 2008).

Ahora bien, partiendo de la definición de patriarcado, podemos sustraer un nuevo concepto que se relaciona con la anterior definición, el cual es “masculinidad”. Sus características están fundadas y son responsables de las raíces de la violencia contra las mujeres por la forma en como fuimos educados, con patrones culturales que involucran a los varones, y por ende también a las mujeres bajo este sistema patriarcal.

Es una arbitraria construcción social provocada por la forma de organización patriarcal y de relaciones de poder que legitima y alienta el dominio masculino en las relaciones de género. Se compone de valores, definiciones, creencias y significados sobre el ser, deber ser y no ser varón, pero sobre todo, de su estatus en relación a las mujeres, teniendo como resultado una completa autoridad del hombre sobre la mujer que lo protege no solo lo social, sino también lo jurídico.

La masculinidad entendida por Bourdieu como:

El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra su contrapartida en la tensión y la contención permanentes, a veces llevadas al absurdo, que impone en cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia su virilidad [...] La virilidad, entendida como capacidad reproductora, sexual y social, pero también como aptitud para el combate y para el ejercicio de la violencia (en la venganza sobre todo), es fundamentalmente una carga. Todo contribuye así a hacer del ideal imposible de la virilidad el principio de una inmensa vulnerabilidad (Téllez & Dolores Verdú, 2011).

La génesis de una nueva perspectiva (como lo veremos enseguida) es el interés, que viene acompañado del surgir de nuevas formas de ser hombre y que configuran nuevos modelos en continua transformación de masculinidades diversas, se puede ser hombre y ser miedoso, tierno, coqueto, débil, pacífico, paternal, cuidadoso, etc., los hombres tienen el pleno derecho de construir su propia identidad masculina libre de estereotipos de género sin ser por ello tachado de niño, de mujer o de homosexual (pilares sobre los que como hemos visto se sustenta en gran parte la identidad hegemónica masculina).

Las nuevas masculinidades según Burin y Meler reseñan que:

En los años 80 del siglo pasado, comenzó a perfilarse una corriente más abarcadora e incluyente en los estudios de género tratando de avanzar en las relaciones entre mujeres y hombres. Señalan las autoras que en forma paralela un número aún reducido de hombres comenzó a cuestionarse sobre la “condición masculina”, esto es, en cómo la cultura patriarcal deja sus marcas en la construcción de la masculinidad, afectando sus modos de pensar, de sentir y de actuar. Algunos de estos estudios dan lugar a la llamada “nueva masculinidad” (Burín & Meler, 2010).

Las nuevas masculinidades tratan de conocer las limitaciones y peligros del modelo tradicional de masculinidad, orientado siempre a una visión reflexiva y a entender la urgencia del cambio cultural e incluso la necesidad de redefinir la hombría, a fin de construir una sociedad mucho más igualitaria y libre de violencia contra las mujeres.

Igualmente, Rubio afirma que:

En las ciencias sociales, en un comienzo, el género fue restringido al estudio de las mujeres, y solo a partir de los años 80 del siglo pasado se incluyó la masculinidad bajo el nombre de los Men’s studies (Rubio, 2001).

En el contexto mundial se han propuesto utilizar tecnologías como Internet para estimular la transmisión de mensajes positivos sobre la masculinidad, que incluyan cuestiones relativas a la no violencia y a la participación en las tareas domésticas y el cuidado de niños.

En este sentido se sugiere iniciativas legislativas o laborales que permitan a los hombres dedicar más tiempo a su familia, mediante permisos de paternidad y estableciendo desincentivos para las empresas que exijan horas de trabajo prolongadas. Se busca, además de avanzar en la igualdad de género, atenuar la alta incidencia de la violencia contra las mujeres, y que, hoy por hoy, supone el principal impedimento para su equiparación en los países en vías de desarrollo.

Si bien es cierto, también este sistema patriarcal que ha provocado estas desigualdades entre hombres y mujeres (a través de los roles de género), también ha limitado el actuar del hombre, se entiende que el propio hombre goza de muchos beneficios por cuestiones de supremacía o de fuerza, sin embargo, nos podemos dar cuenta que esto también genera prejuicios hacia el hombre.

Al hombre se le establecen papeles o estereotipos que en muchas ocasiones no puede cumplir, porque no se siente cómodo o el mismo sistema ejerce esa presión para que su conducta la adecue a lo que comúnmente y al mismo tiempo erróneamente, se les atribuye cómo: el fuerte, el líder, el proveedor, el que no llora, el de postura firme, el formal, el de conductas más de “hombres”, etc., cuando en realidad no es así y genera en cierta parte frustración en el hombre porque no lo puede conseguir o porque no es ad hoc a su personalidad.

Por lo anterior, nos damos cuenta que, el hombre se ve anulado en sus emociones o en su actuar, por ejemplo, cuando el propio hombre se quiere encargar del cuidado de los hijos, no faltará el comentario ofensivo donde se le tacha de “mandilón” por parte de otro hombre y,  es aquí donde encontramos el prejuicio y el ataque a una iniciativa de un hombre a cambiar estas conductas, sin embargo, solo encontramos más prejuicios donde solo limita al hombre al proveer, algo completamente erróneo en pleno siglo XXI.

Las nuevas masculinidades como una suma a deconstruir estos roles de género y su incorporación a los programas educativos tendrán la gran responsabilidad y consolidar a nuestras generaciones en materia de perspectiva de género.

Las nuevas masculinidades  deben ser incluidos en los programas educativos de nivel básico y  medio superior de todo el país acompañadas de las siguientes estrategias:

  • Crear la agenda de derechos humanos en las instituciones de todos los niveles educativos
  • Agenda de actividades con perspectiva de género en municipios con participación ciudadana

Siempre con responsabilidad, compromiso, humildad, reconocimiento y paz, con base a estos principios rectores, se podrá lograr una verdadera equidad. Hay que trabajar con los hombres, escucharles y ofrecerles espacios donde puedan recibir  el apoyo emocional necesario para superar los roles de género establecidos. Dignificar y reconocer, por ejemplo, el trabajo doméstico como un aportación decisiva a la familia en contextos con altos niveles de desempleo, abrir la posibilidad de los que roles de hombre y mujer se diluyan entre el trabajo doméstico y la obtención de un salario o emprendimiento y trabajar con mensajes cultural y religiosamente apropiados para  trabajar las nuevas masculinidades en la escuela y desde la infancia.

  • Acepten su propia vulnerabilidad.
  • Aprendan a expresar emociones y sentimientos (miedo, tristeza, etc.).
  • Pidan ayuda y apoyo.
  • Resuelvan sus conflictos sin violencia
  • Aprendan y acepten actitudes y comportamientos tradicionalmente etiquetados como femeninos, como elementos necesarios para un desarrollo humano integral.

Los estudios de género interesados en los hombres aparecen en Norteamérica en la llamada crisis de la masculinidad, y plantean que debido a los cambios generados en el mercado del trabajo por el ingreso de la mujer al mundo laboral, ocurrió una cierta autonomía económica femenina. El hecho de ejercer el rol de proveedora, rol tradicionalmente reservado al hombre, implicó una desventaja para este, quien sintió resquebrajar la seguridad que le produce ser fuente de ingresos y determinar las decisiones de su familia. Si a esto se le suma la precarización del empleo y el derrumbamiento de los modelos tradicionales, se entiende que la familia patriarcal entre en crisis y dé paso a una etapa posmoderna e industrial. (Faur, 2004)

A modo de reflexión, la perspectiva de género suele entenderse como sinónimo de estudios sobre la mujer, pero actualmente en estos estudios se incluye también al hombre, incorporándose al tema otras formas de vivir la masculinidad. Por ejemplo, a través de la paternidad, rol en el cual algunos hombres se sienten discriminados ante la tendencia, en la práctica judicial y administrativa, de otorgar la custodia de los hijos preferentemente a la madre, en caso de divorcio o separación de los padres, sin otra consideración de que el rol y el derecho natural de ella es el cuidado de los hijos. Hoy, movimientos colectivos como el feminismo y el movimiento de padres separados de sus hijos, impulsan la custodia compartida como un reconocimiento a la igualdad entre los sexos.

Es urgente el llamado a emprender acciones colectivas en las comunidades,  para combatir este gran sistema denominado “patriarcado”, ya no se puede seguir viviendo bajo estos principios que establece para cada sexo, porque todos estamos hartos de seguir patrones de conducta donde hombres, especialmente, los ven como una forma de vida, como algo normal y donde su palabra es incuestionable, porque bajo su mala lógica, ellos tienen el poder y la última decisión, esto se debe acabar ¡ya!

 





Bibliografía

Burín, M., & Meler, I. (2010). Género y familia: poder, amor y sexualidad en la construcción de la subjetividad. Buenos aires: Paídos. Obtenido de https://revistas.unisimon.edu.co/index.php/educacion/article/download/2208/2100

Calvo, G. (2006). Máscaras masculinas. Héroes, patriarcas y monstruos. Barcelona: Anagrama. Obtenido de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3806207.pdf

Faur, E. (2004). Masculinidades y desarrollo social. Las relaciones de género desde la perspectiva de los hombres. Bogotá: Arango Editores. Obtenido de http://revistas.unisimon.edu.co/index.php/educacion/article/view/2208

Fontenla, M. (2008). ¿Qué es el patriarcado? Biblos. Obtenido de http://www.ildis.org.ve/website/administrador/uploads/Queeselpatriarcado.pdf

Rubio, J. (2001). Gaceta de Antropología,. El estudio sobre las masculinidades. Panorámica general., 17. Obtenido de https://revistas.unisimon.edu.co/index.php/educacion/article/download/2208/2100

Téllez, A., & Dolores Verdú, A. (2011). El significado de la masculinidad para el analisis social. Revista Nuevas Tendencias en Antropología(2), 80-113. Obtenido de http://www.revistadeantropologia.es/Textos/N2/El%20significado%20de%20la%20masculinidad.pdf

Universia. (2014). Obtenido de https://noticias.universia.net.mx/vida-universitaria/noticia/2004/11/17/115157/onu-impulsa-masculinidad-pro-mujeres.html

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